Tensión controlada: el lenguaje corporal del primer encuentro entre Barack Obama y Donald Trump

El presidente electo Donald Trump, y el presidente Barack Obama, en la O...

residente electo Donald Trump, y el presidente Barack Obama, en la Oficina Oval de la Casa Blanca, 10 de noviembre de 2016.JIM WATSON/AFP/Getty Images

El encuentro en el Salón Oval de la Casa Blanca ante las cámaras fue breve y sin preguntas de los periodistas. Todo pautado, controlado, encorsetado.

Duró menos de tres minutos, frente a los 90 minutos de la primera reunión a solas de ambos líderes en Washington para empezar la transición del poder, como quiso precisar el ahora presidente electo Donald Trump.

Sorprendentemente, su anfitrión, el presidente Barack Obama tuvo menos fluidez de la habitual, midiendo mucho sus palabras, dudando -incluso- sobre la elección de las más adecuadas.

Incurrió en el error que muchas veces permite evidenciar los nervios: pensar en voz alta, es decir, alargar las conjunciones. Además, en más de una ocasión desvió la mirada al suelo o al fondo de la sala.

Su incomodidad, su perplejidad, parecían evidentes. El presidente Obama fue correcto, pero no cordial ni afectuoso.

Hablan los cuerpos

Obama mostró un lenguaje corporal algo acelerado o tenso. Sin sentarse con comodidad, sin relajarse del todo, sin dejar reposar su espalda sobre la butaca, parecía que tenía prisa o que ya había tenido suficiente tiempo con su invitado.

Trump, encajonado por los reposabrazos de la butaca, mantenía las manos juntas por las yemas de los dedos (en una pose muy característica de él) y escuchaba con atención y asentimiento.

 
 
 
 
 
En video: la primera reunión de Obama con Trump
 

El rictus de la cara -y de sus labios en particular- cuando escucha muestra un rostro concentrado y acechante. Esperando su momento. Su manera de escuchar es esperar su turno, que no es lo mismo.

Trump ha dado mucha información respecto de la reunión: ha revelado que ambos líderes no se conocían; que han repasado temas complejos y difíciles (lo ha dicho casi sorprendido, como descubriendo la magnitud de la responsabilidad); también ha reconocido que ha descubierto las cosas maravillosas que se habían alcanzado; que hubiera estado más tiempo reunido; y que espera contar con su consejo y asesoramiento.

Han sido detalles reveladores, frente al hermetismo y fría formalidad de Obama.

En este sentido, Trump ha estado más empático y expresivo. Pareció sincero cuando afirmo, finalizando: “Fue un honor estar con usted y espero estar con usted muchas más veces en el futuro”.

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residente electo Donald Trump, y el presidente Barack Obama, en la Oficina Oval de la Casa Blanca, 10 de noviembre de 2016.JIM WATSON/AFP/Getty Images

El encuentro en el Salón Oval de la Casa Blanca ante las cámaras fue breve y sin preguntas de los periodistas. Todo pautado, controlado, encorsetado.

Duró menos de tres minutos, frente a los 90 minutos de la primera reunión a solas de ambos líderes en Washington para empezar la transición del poder, como quiso precisar el ahora presidente electo Donald Trump.

Sorprendentemente, su anfitrión, el presidente Barack Obama tuvo menos fluidez de la habitual, midiendo mucho sus palabras, dudando -incluso- sobre la elección de las más adecuadas.

Incurrió en el error que muchas veces permite evidenciar los nervios: pensar en voz alta, es decir, alargar las conjunciones. Además, en más de una ocasión desvió la mirada al suelo o al fondo de la sala.

Su incomodidad, su perplejidad, parecían evidentes. El presidente Obama fue correcto, pero no cordial ni afectuoso.

Hablan los cuerpos

Obama mostró un lenguaje corporal algo acelerado o tenso. Sin sentarse con comodidad, sin relajarse del todo, sin dejar reposar su espalda sobre la butaca, parecía que tenía prisa o que ya había tenido suficiente tiempo con su invitado.

Trump, encajonado por los reposabrazos de la butaca, mantenía las manos juntas por las yemas de los dedos (en una pose muy característica de él) y escuchaba con atención y asentimiento.

 
 
 
 
 
En video: la primera reunión de Obama con Trump
 

El rictus de la cara -y de sus labios en particular- cuando escucha muestra un rostro concentrado y acechante. Esperando su momento. Su manera de escuchar es esperar su turno, que no es lo mismo.

Trump ha dado mucha información respecto de la reunión: ha revelado que ambos líderes no se conocían; que han repasado temas complejos y difíciles (lo ha dicho casi sorprendido, como descubriendo la magnitud de la responsabilidad); también ha reconocido que ha descubierto las cosas maravillosas que se habían alcanzado; que hubiera estado más tiempo reunido; y que espera contar con su consejo y asesoramiento.

Han sido detalles reveladores, frente al hermetismo y fría formalidad de Obama.

En este sentido, Trump ha estado más empático y expresivo. Pareció sincero cuando afirmo, finalizando: “Fue un honor estar con usted y espero estar con usted muchas más veces en el futuro”.

Obama se va. Pero la imagen de Trump bajo el busto vigilante de Martin Luther King (busto que trajo Obama en su primer mandato) es una metáfora de su legado político. Y parece decir: “Yo me voy, pero lo conseguido por él, se queda”.

Las sillas estaban ligeramente desplazadas a la izquierda. King sobre Trump. Este era el mensaje cifrado de la composición del espacio. Todo pensado.